
La famosa fórmula de Einstein tiene la culpa... e=mc2. La energía es igual a la materia por la velocidad de la luz al cuadrado. Esta fórmula viene a decir que
la energía es materia y viceversa. Sólo algo que no tenga masa, como la luz (que es una onda) podrá alcanzar la mayor velocidad posible, 300.000 kilómetros por segundo. (Es algo similar al cero kelvin, la temperatura mínima es -273, que es cuando las partículas están detenidas. El hecho de que se muevan, implica la subida de temperatura. No puede ser menor, porque no pueden estar más detenidas de lo que están a -273).
No hace mucho se logró que un haz de luz, en determinadas circunstancias, superase esa velocidad, por lo que llegó antes de ser lanzado. Nuestro problema es que no estamos hechos de ondas, sino de materia. Y para que algo con materia pudiese alcanzar la velocidad de la luz (no ya superarla para viajar al pasado) la energía necesitada habría de ser infinita. Esto es, que simplemente para probar que alguien puede viajar a 300.000 kilómetros por segundo, habría que consumir la energía del universo, y por lo tanto, su masa sería infinita. (En cierta manera, eso sería panteísmo, ¿no?).
Otra posibilidad sería a nivel cuántico. Nosotros sólo podemos percibir cuatro dimensiones (altura, anchura, profundidad y tiempo), pero a nivel cuántico (para las partículas elementales) se conjetura que podrían existir más dimensiones. Si de alguna manera nos pudiésemos descomponer en
electrones, protones y neutrones, y ser recompuesto al otro lado de otra dimensión, se podría viajar en el tiempo. La leyenda urbana del proyecto Philadelphia da demasiado pavor al respecto.
A nivel astronómico se planteó la idea de agujeros de gusano que conectasen puntos distantes del universo. Nunca se han probado su existencia. De existir, las posibilidades no son halagüeñas, porque tal vez la presión gravitatoria sea tan alta, que nos convirtiesen en espaguetis humanos.
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