La experiencia de Corina
Hace 10 años, me diagnosticaron diabetes. Los médicos me informaron de que tenía que cuidar mis comidas y también hacer ejercicio a diario. ¡Ejercicio a diario! Era algo que nunca había hecho. La verdad es que el mundo del deporte no había llamado mi atención; me decidí por la natación, ya que era lo único que esporádicamente había practicado, y comencé a ir por libre a la piscina a nadar todos los días media hora.
Un día, Javier Ingelmo se me acercó, me dijo que era entrenador de un equipo de natación máster y si quería apuntarme. Estaba totalmente sorprendida y me parecía imposible llegar a hacer lo que veía hacer a los componentes del equipo, pero fue una puerta abierta para sobrellevar tan grandes cambios. Incluso mi hija, entonces de 9 años, me acompañaba a la piscina para enseñarme a tirarme de cabeza.
Ya dentro del equipo, se me abrió un mundo nuevo, y descubrí que me gustaba más de lo que había imaginado. Entrenar con los compañeros era mucho más entretenido que ir sola y muy agradable sentirse arropado por el equipo.
Las primeras competiciones fueron excitantes, los nervios me jugaron malas pasadas, y, sin embargo, descubrí, con el tiempo, que eran mucho más amenas de lo que esperaba. En éstas he pasado muy buenos ratos conociendo a gente con la misma motivación que yo. Todos los campeonatos a los que he asistido, me han servido para crear vínculos con personas de otros clubes y de otras ciudades.
Las medallas premian el esfuerzo de seguir entrenando todos los días, pero el auténtico premio está en la satisfacción personal de las mejoras de estilo ó las décimas robadas al cronómetro.
Me gusta la natación master.

























